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Vint Cerf quiere darle DNI a los agentes de IA: así es DNSid

Miguel Marín Pascual
Vint Cerf quiere darle DNI a los agentes de IA: así es DNSid
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Vint Cerf, uno de los arquitectos de los protocolos que sostienen internet desde hace casi cincuenta años, acaba de aceptar un nuevo encargo: diseñar el sistema de identidad que permitirá saber quién es —y quién responde por— cada agente de inteligencia artificial que opere en la red abierta. Cerf se ha incorporado como asesor a Innovation Labs, una subsidiaria de Identity Digital, con un objetivo concreto: crear un estándar abierto, bautizado como DNSid, que vincule la identidad de los agentes de IA a los nombres de dominio existentes. La noticia, publicada por TechCrunch el 15 de julio, ha pasado desapercibida entre lanzamientos de modelos y rondas de financiación. Y sin embargo, puede ser la pieza de infraestructura más importante de la década para la economía de agentes.

El problema que nadie quiere mirar: agentes anónimos haciendo negocios

El diagnóstico de Cerf es tan simple como incómodo. Los agentes de IA ya navegan, compran, reservan, negocian y firman en nombre de personas y empresas. Lo hacen a una escala creciente: los principales navegadores agénticos y asistentes autónomos ejecutan millones de transacciones al mes. Pero internet fue diseñado para identificar máquinas y dominios, no para responder a la pregunta que ahora importa: ¿quién es este agente, con qué autoridad actúa y quién rinde cuentas si algo sale mal? Hoy, cuando un agente de IA visita una web o ejecuta una compra, el sitio receptor no tiene forma fiable de distinguir entre un asistente legítimo actuando por encargo de un cliente, un bot de scraping agresivo o un agente malicioso suplantando a otro. Cerf lo resume en tres palabras que deberían estar en la pizarra de cualquier comité de dirección: identificación, autoridad y rendición de cuentas. Sin las tres, la economía de agentes es un castillo construido sobre arena.

DNSid: aprovechar la infraestructura que ya existe

La propuesta de Innovation Labs tiene la elegancia de las soluciones veteranas: en lugar de inventar un registro nuevo desde cero, DNSid ancla la identidad de los agentes al sistema de nombres de dominio que lleva décadas funcionando. La idea es que una empresa pueda declarar criptográficamente qué agentes actúan en su nombre, vinculados a su dominio, igual que hoy declara sus servidores de correo con registros SPF o DKIM. Un comercio electrónico podría entonces verificar que el agente que intenta comprar cien licencias de software actúa realmente con la autoridad de la empresa que dice representar. El paralelismo con el correo electrónico no es casual: el email vivió durante años una crisis de confianza por la suplantación de remitentes, y solo se estabilizó cuando la autenticación se convirtió en estándar de facto. Cerf, que participó en aquella evolución, está aplicando el mismo manual: estándar abierto, adopción voluntaria primero, presión de mercado después. Que la iniciativa venga de Identity Digital —gestora de cientos de extensiones de dominio— indica además que los registradores ven en la identidad de agentes su próxima línea de negocio.

Qué significa esto para las empresas españolas

Para una pyme o una mediana empresa española, este movimiento tiene tres lecturas prácticas. La primera es defensiva: si su web recibe tráfico, en los próximos dos años una parte creciente de sus visitantes no serán personas, sino agentes comprando o comparando en nombre de personas. Decidir qué agentes se aceptan, con qué límites y con qué verificación dejará de ser una cuestión técnica para convertirse en política comercial. La segunda es ofensiva: las empresas que desplieguen sus propios agentes —para compras, atención al cliente o gestión de proveedores— necesitarán poder acreditar la identidad y autoridad de esos agentes ante terceros. Quien tenga esa trazabilidad resuelta operará con ventaja frente a quien improvise. La tercera es regulatoria: el Reglamento Europeo de IA, plenamente aplicable desde agosto de 2026, ya exige transparencia cuando un sistema de IA interactúa con personas. Un estándar de identidad como DNSid encaja de forma natural con esa obligación y es razonable esperar que los reguladores europeos lo miren con simpatía. Las empresas que documenten hoy qué automatizaciones ejecutan y bajo qué autoridad llegarán a ese escenario con los deberes hechos.

Conclusión

Que Vint Cerf dedique su tiempo a este problema es en sí mismo la señal: los protocolos de identidad de agentes son el equivalente actual a lo que fueron TCP/IP en los años setenta, la fontanería invisible sobre la que se construirá todo lo demás. La economía de agentes no despegará por tener modelos más potentes, sino por tener confianza verificable entre las partes. Para las empresas, el mensaje es claro: la automatización con agentes de IA ya no es un experimento de laboratorio, es una infraestructura en construcción con sus propias reglas de identidad, autoridad y responsabilidad. Quien empiece ahora a ordenar esa capa —sabiendo qué agentes usa, qué pueden hacer y quién responde por ellos— no solo evitará sustos: estará preparado para operar en el internet que Cerf ya está cableando.

[IA-GENERATED] Artículo generado por IA con supervisión editorial, conforme al Art. 50 del Reglamento Europeo de IA.